Adelantar los relojes una hora para lograr el horario de verano tiene sus defensores y sus detractores, como la mayoría de cosas en la vida.

Y es que, por una parte encontramos los beneficios del horario de verano:

Se hace más tarde de noche, podemos disfrutar de más horas de la luz del sol, y, según el Instituto para la Diversificación y el Ahorro de la Energía (IDAE) se ahorra en toda España un 5% de consumo eléctrico, algo que equivale a 300 millones de euros. De esta cantidad, pertenecen 6€ a cada hogar, lo que se consigue aprovechando la luz solar y tardando más tiempo en encender las luces de casa.

Por otra parte, hay quienes no están de acuerdo con este cambio de hora…

Y es que ARHOE (la Asociación para la Racionalización de los Horarios Españoles) consideran que este cambio no reduce tanto el gasto y se oponen a adelantar el reloj para así volver al “huso horario  que nos corresponde por situación geográfica: el meridiano de Greenwich”.

Sostiene que no supone grandes cambios, ya que las jornadas de trabajo siguen siendo demasiado extensas y que se sale tarde de trabajar, abusando del presentismo e influyendo de forma muy negativa en la conciliación profesional y personal de los empleados. También, de este modo, perdiendo eficacia y productividad en las empresas.

¿Qué repercusiones tiene el horario de verano en la salud?

Según los expertos, el horario de verano afecta con molestias pasajeras a niños, ancianos y personas de sueño frágil. Lo que provoca es que se sientan mucho más perezosos a la hora de irse a la cama y levantarse. También provoca durante unos días mal humor e irritabilidad. Una solución sería que durante unos días antes se fueran cambiando los principales hábitos de hora paulatinamente: la hora de comer, dormir, levantarse… para ir adaptándose al nuevo horario.

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