El salario emocional va más allá de una compensación económica. El empleado además de tener un sueldo que cubra sus necesidades, también necesita motivación y sentirse valorado a través de otros incentivos. Por que un simple ‘gracias’ por un trabajo bien hecho puede llegar a ser más efectivo que un tema económico. Aunque se trata de llegar a un equilibrio entre ambos salarios: el financiero y el emocional.

El salario emocional recarga la pilas a los empleados. Impide que pierdan su motivación y dibuja sonrisas, borrando las caras más largas de la oficina. Pero, ¿de qué se compone este salario emocional? Por todos los beneficios que la empresa otorga a sus empleados y que nada tiene que ver con el sueldo. Entre ellos podemos encontrarnos con:

  • Margenes de entrada y salida.
  • Mayor autonomía para el trabajador.
  • Programa completo de prevención de riesgos laborales.
  • Vacaciones y días libres.
  • Si se adapta a la empresa, implementar el teletrabajo.
  • Servicios acordes a las necesidades individuales: guardería y seguro médico.
  • Vales de comida o comedor en la compañía.
  • Entorno creativo que les inspire.
  • Terminar con las jerarquías estrictas y estrechar relaciones entre directivos y empleados.
  • Transparencia.
  • O incluso implantar la ‘happy hour’ en la oficina.

Son retribuciones no económicas que aumenta la calidad de vida de las personas y su satisfacción laboral. Así aumenta el vínculo entre los empleados y la compañía porque, al final, el salario emocional no influye sólo en el bienestar del empleado, sino en la totalidad de la organización y en su clima laboral. Y es que la capacidad de ilusionar es clave.

Hay que cubrir las necesidades emocionales de las personas y, ante estas necesidades cubiertas, conseguiremos mantener el talento en la empresa. O, en caso contrario, el talento será lo primero que huirá en cuanto una empresa se adapte a lo que están buscando. Todo lo contrario lo observamos en las nuevas noticias de Amazón, donde una parte importante de la plantilla siente que más que personas, son robots y esclavos de la empresa. Largas jornadas sin descanso o empleados que carecen de calidad de vida. Y hasta requieren sus servicios en su tiempo libre o en sus horas de descanso. Y está claro que no tratar bien tus empleados acaba pasando factura.

El salario emocional contribuye a que los empleados sean los propios prescriptores de la empresa, reteniendo y atrayendo el talento. Todo gracias a las medidas que ofrece la empresa -las que mejor se adapten a su actividad- y, además, a su gestión y la valoración de los empleados. Lo que se traducirá en productividad y rentabilidad.

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